MI HISTORIA

Militante, docente universitaria, dirigente partidaria y gremial, cultora de las causas públicas, esposa y madre

Nací en Ruiz de Montoya, en el seno de una familia de inmigrantes (papá suizo, mamá paraguaya-alemana). Mi infancia se desarrolló en la colonia y fui a una escuela de grado único, construida por los colonos: allí aprendí tempranamente el compromiso con la escuela pública y la importancia de la participación vecinal.

Con la crisis agraria de los 70’s mi familia se mudó a Jardín América, donde pasé la adolescencia y curse la secundaria en la Escuela de Comercio N° 2. Además de disfrutar de una etapa juvenil con diversión y amistad imborrable, en esa época apareció otra faceta de la solidaridad y el trabajo colectivo: para el viaje de fin de curso, entre las diversas actividades que realizamos, hasta cosechamos tung con los compañeros de división.

Como estudiante de la UNaM, en los  80 me uní a la Franja Morada, y luego a la Juventud Radical. Viviendo en una pensión y estudiando en la Facultad de Humanidades, el compañerismo, la formación universitaria, la lucha por reivindicaciones estudiantiles y el gran liderazgo del padre de la democracia, Raúl Alfonsín, despertaron para siempre el amor por las causas públicas y la política como servicio. A partir de ahí, la militancia en las filas en la Unión Cívica Radical pasó a ser parte de mi vida, y ocupe varios cargos: el más importante ha sido presidir la Honorable Convención Provincial.

La formación profesional (Guía y Licenciatura en Turismo), me abrió espacios de trabajo técnico –además de la docencia- que de la mano de mi actividad política confluyeron en mi tarea como asesora en la Cámara de Representantes de la Provincia y luego en la Cámara de Diputados de la Nación (donde tuve el honor de integrar el equipo de la Diputada Provincial MC Mabel Marelli).

La militancia en el cogobierno universitario hicieron madurar la convicción y la confianza en la acción colectiva como herramienta de transformación. Cuando con un grupo de colegas egresados de la UNaM, hicimos el esfuerzo por crear el Colegio de Profesionales en Turismo de la provincia, participé activamente del mismo -casi diez años  y en carácter ad-honorem-, en el Tribunal de Ética, la vice presidencia y luego la presidencia: allí abracé más que nunca esta verdadera fe laica que es el involucrarse en causas públicas, dejando de lado el interés particular e incluso sacrificando la vida privada y familiar.

El deseo de ser madre, me hizo redoblar el compromiso y a la vez el febril entusiasmo por luchar contra la injusticia y la resignación: las dificultades en las terapias de fertilización son muchas, pero pudieron sortearse con mucho esfuerzo. La incorporación de mi único hijo Lautaro a la temprana edad de 5 años a la Orquesta Grillitos Sinfónicos, abrió el inigualable placer de convivir con la música, no sólo como público sino en la co-participación en organización de festivales. El apoyo a su  participación en la estudiantina –últimamente como director-, no sólo se inscribe en aquello de “por mi hijo todo”, sino en la valoración de la creatividad y la movilización juvenil.